martes, 7 de enero de 2014

Situación mundial y soluciones

 El acceso al agua potable, a los recursos educativos, a un medio ambiente limpio y no contaminado, a información veraz que ayude a comprender qué ocurre y que está pasando, las guerras por el control de los recursos naturales, las desigualdades entre géneros,... han sido y continúan siendo condicionantes que impiden el progreso humano entendiendo éste en su concepción más amplia. La eclosión de nuevas formas de organización social, de procesos globalizadores, de nuevos avances y conocimientos en el mundo científico, de nuevas tecnologías, si bien pudiesen repercutir en una mejora de las condiciones de vida en el planeta, no han conseguido subvertir la dinámica de injusticias sociales y calamidades que ha configurado a las naciones y pueblos a lo largo del proceso histórico.
Aunque el desarrollo científico y tecnológico no haya repercutido en un desarrollo social, cultural y humano de la población mundial y pese a que la brecha entre pobres y ricos sea mayor que nunca, es de reconocer que se ha mejorado bastante en algunos de los objetivos de desarrollo propuestos para este milenio. Han sido muchos los planes y programas, diseñados por diferentes instituciones y naciones, los que han intentado incidir para lograr conseguir los objetivos propuestos por Naciones Unidas para paliar muchos de los problemas que sufren a diario miles de millones de personas.
Poner al servicio de las personas más humildes y de las comunidades más vulnerables dichos avances científicos y tecnológicos es condición indispensable para reducir las desigualdades que imperan, sobre todo, en el cono sur del planeta. Pero la solución, bajo mi punto de vista, pasa por acciones globales y conjuntas además de por la voluntad de los que más poder tienen para lograr un mundo más justo y solidario. La educación es piedra angular en dicho proceso y es necesaria una revolución pedagógica a lo largo y ancho del planeta, que logre formar personas más comprometidas con la transformación social, más justas y solidarias y que hagan a los pueblos y naciones de todo el mundo levantarse contra una barbarie que es producto del capitalismo y del consumismo  más desenfrenado que no sólo amenaza a los individuos sino a sus formas de vida y al ecosistema.

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